Sentimientos encontrados en mi corazón. Recuerdos de una vida más feliz que hunden mi personalidad en el vacío del hoy. Un ayer que prometía un futuro lleno de rosas, sonrisas y amor, amor del verdadero, pero que venía con letra pequeña. Recuerdos de aquellos días en el que su presencia me proporcionaba una seguridad dificil de explicar. Recuerdos llenos de sonrisas comprometidas, de pequeños guiños a la vida, de una felicidad que yo creí imperecedera. Pero el hoy me golpea brutalmente en la cara. Me dice que todo aquello que viví, que esos recuerdos, es lo único por lo que merece la pena. Toda aquella felicidad se transforma en golpes. Golpes por por loq ue pudo haber sido y no fue. Golpes por esa rabia interior que no sabe contener.
Sé que él un día me quiso tanto como yo lo quiero a él. Sé que la vida no le ha sonreido tanto como en sus sueños de juventud él imaginó. Sé que sus golpes no son sentidos, que se arrepiente. Sé que yo soy el problema. Sé que yo soy la culpable de lo que pudo haber sido y no fue. Por eso cada día miro a la vida con más odio. Por haberme hecho vivir una vida equivocada. Por haber destrozado el amor de juventud que tantas veces me hizo verdaderamente feliz. Que nos hizo, verdaderamente felices.
No le culpo. Pero tampoco puedo soportarlo. Mis hijos me miran con odio por ser víctima de una situación que no tengo por qué soportar. Pero él es mi razón para vivir. Sin él no soy nada.
P.D. Os recomiendo leer este pequeño testimonio http://www.redestb.es/fedmujeres/testimonio.html Y si creeis que la violencia de género es uno de los cánceres del siglo XIX. si creeis en la igualdad, no os olvideis de firmar aqui http://www.redfeminista.org/paridad.asp . GRACIAS.
domingo, abril 13, 2003
jueves, abril 10, 2003
Aquel hombre se debatía entre la vida y la muerte. Le perseguían y tenía que salir del pais antes de que lo encontrasen. Sus heridas se abrían y clavaban en él agujas de profundo dolor. Su corazón le dolía aun más, pues dejaba atrás todo cuanto quería.
Humedecí mi dedo índice y pasé la página. Levanté la vista para desentumecer mis ojos y allí estaba él. Huyendo. Escamoteando mi mirada. Moviéndose nervioso. Girando su cabeza con profuso nerviosismo hacia uno y otro lado. Mirando a la gente con descarada inquietud, pero evitando sus miradas. Escondiendo de sus ojos de un fuego cruzado, como si tuviese demasiado que ocultar. Una mueca de dolor cruzó su cara, y su manó se movió rápidamente hacia su costado para presionar lo que debía ser una herida.
Volvía a huir. Cada vez se acercaban más a él. El tiempo y la sangre se le acababan. Había descubierto uno de los mayores secretos de la humanidad. Sólo debía huir a sitio seguro. Imprimir sus pensamientos, conocimientos y descubrimientos en un papel. Y morir en paz.
Que oscuro secreto compartían, en mi mente, el protagonista de aquel libro, y el hombre de mirada esquiva?
Humedecí mi dedo índice y pasé la página. Levanté la vista para desentumecer mis ojos y allí estaba él. Huyendo. Escamoteando mi mirada. Moviéndose nervioso. Girando su cabeza con profuso nerviosismo hacia uno y otro lado. Mirando a la gente con descarada inquietud, pero evitando sus miradas. Escondiendo de sus ojos de un fuego cruzado, como si tuviese demasiado que ocultar. Una mueca de dolor cruzó su cara, y su manó se movió rápidamente hacia su costado para presionar lo que debía ser una herida.
Volvía a huir. Cada vez se acercaban más a él. El tiempo y la sangre se le acababan. Había descubierto uno de los mayores secretos de la humanidad. Sólo debía huir a sitio seguro. Imprimir sus pensamientos, conocimientos y descubrimientos en un papel. Y morir en paz.
Que oscuro secreto compartían, en mi mente, el protagonista de aquel libro, y el hombre de mirada esquiva?
miércoles, abril 09, 2003
Sensaciones y estímulos recorren mis nervios. El suave y cálido tacto de una manta en la mejilla, cuando el despertador da la señal de salida. El revitalizante caer del agua por la piel al ducharme en la mañana. El calor del café por mi garganta. El cortante aire helado arañando mis mejillas en la calle. Los golpes de calor del horno. El cansancio acumulado en las piernas. Los sentimientos que hacen gesticular mi cara, sonreir cuando estoy agusto, no hacerlo cuando me veo caer. El calor del hogar al retornar a casa. Un beso en la mejilla. Otra vez más sentimientos. El sopor. El descanso. El hormigueo que siento en el dedo meñique cuando paso mucho tiempo sin moverlo. El calambre de mi cuello cuando lo hago girar continuamente. El extraño dolor que me hace sentirme agusto cuando masajeo mis sienes. El alivio de una lágrima cuando mis ojos están secos. El cansancio acumulado que hace que mi yo pese el triple de lo normal. El estado de shock que toman mis miembros al voler a posición horizontal. El suave y cálido tacto de una manta en la mejilla....