Hoy me he visto a mi misma despedazando con la mirada lo que el paso del tiempo hace en la gente. Veía un sinfin de octogenarias altivas, todas ellas con pelo corto, todas con ello cardado, todas con tres botes de laca encima para que aquello pareciese un pelucón, en vez de una melena. Vi el pasar del tiempo en sus rostros. Las arrugas que fruncen el labio superior dando una sensacion de exagerada sobriedad. Vi las manchas en sus arrugadas manos. Me fije en sus torpes andares. Sus pasitos cortos y estudiados. El cuidado que ponen en cada escalera que bajan. Tb me fije en sus maridos, los que quedaban (la longevidad de la mujer frente al hombre es un hecho estudiado), bajitos, encorvados, con sus boinas abrigándoles las coronillas desnudas. Vi arrugas en su frente, vi arrugas en unas mamnos que en su dia seguro que fueron fuertes, trabajadoras.
Luego deje de mirarles y me encontre a mi misma buscando manchas en mis manos. Agarrandome la piel de las misma y estirándola, como para verla mas tersa. Pasé la mano por encima de mi labio superior buscando rastro alguno de ese terrible gesto de perpetuo mosqueo. Encontré algunos rasgos de lo que en un futuro serán arrugas, surcando mis ojos, enmarcandolos juntos con las ojeras y las bolsas. Y me asusté, vaya que si me asusté. Salí del autobús dando zancadas y demostrandome a mi misma que aun me queda un sextenio para llegar a eso. Que miedo me da.
domingo, febrero 01, 2004
miércoles, enero 28, 2004
En ocasiones, cuando más ajeno estás a todo, cuando menos esperas que ocurra algo que altere tu vida, el destino decide jugarte una mala pasada y te golpea en la cara con guante de hierro. Entonces, miras a tu alrededor, desconcertado, y te preguntas por dónde vino el golpe y qué ha pasado exactamente para que el suelo se esté hundiendo bajo tus pies. Darías lo que fuera por borrar lo que ha sucedido, añoras tu normalidad, tus viejas costumbres, quisieras que todo volviera a ser como antes... Pero ese antes es otra vida, una vida a la que, incomprensiblemente, ya no puedes regresar.
"El Origen Perdido" Matilde Asensi.
"El Origen Perdido" Matilde Asensi.
lunes, enero 26, 2004
Cuatro meses serán suficientes.
El otro día volví a verla pasar. Como cada mañana se dirigía hacía su trabajo, por el paseo marítimo. Mirando a la lejanía como queriendo ver donde nacen las olas. Cerrando los ojos para poder inspirar aún más profundamente. Llevandose las manos al estómago, autoabrazandose a la brisa. La envidio, pues por más que mire al horizonte, no logro ver aquel maravilloso lugar donde el mar decide alzar sus manos.Aunque cierre los ojos y respire profundamente, aunque me abrace hasta hacerme daño en los brazos, no consigo sentir la dicha que a ella la llena.
Han pasado cuatro meses desde aquel dia. Cuatro meses en que cada mañana notaba su ausencia. Cuatro meses en los que hasta el cielo la extraña, volviendose gris, como yo. Mientras recorría aquel paseo maritimo me encontre a mi mismo mirando en laletania, hacia un lugar perdido en el infinito, acordandome de ella. al darme cuenta de lo que hacia sonrei, y sin querer, mientras mis parpados se cerraban respiré profundamente, como si el salitre fuese su perfume. Y, llevandome las manos al pecho, la estreché entre mis brazos, no a ella, sino a la alegria que su recuerdo me provocaba.
El otro día volví a verla pasar. Como cada mañana se dirigía hacía su trabajo, por el paseo marítimo. Mirando a la lejanía como queriendo ver donde nacen las olas. Cerrando los ojos para poder inspirar aún más profundamente. Llevandose las manos al estómago, autoabrazandose a la brisa. La envidio, pues por más que mire al horizonte, no logro ver aquel maravilloso lugar donde el mar decide alzar sus manos.Aunque cierre los ojos y respire profundamente, aunque me abrace hasta hacerme daño en los brazos, no consigo sentir la dicha que a ella la llena.
Han pasado cuatro meses desde aquel dia. Cuatro meses en que cada mañana notaba su ausencia. Cuatro meses en los que hasta el cielo la extraña, volviendose gris, como yo. Mientras recorría aquel paseo maritimo me encontre a mi mismo mirando en laletania, hacia un lugar perdido en el infinito, acordandome de ella. al darme cuenta de lo que hacia sonrei, y sin querer, mientras mis parpados se cerraban respiré profundamente, como si el salitre fuese su perfume. Y, llevandome las manos al pecho, la estreché entre mis brazos, no a ella, sino a la alegria que su recuerdo me provocaba.